El sol lo ilumina en una manera que cuando lo me acerqué por el primer vez, lo pensé era el mar a la puesta del sol. Las colinas se perecen como olas de oro arrollan suavemente. Pero cuando miro más cerca, puedo ver es un desierto. Un desierto sin vida; no hay plantas ni animales, solamente arena. La arena es suave, pero en el mismo tiempo no es plano. En la distancia puedo ver el mar, plano, parando al fin de la tierra. Arriba el cielo está colorado. El sol que quema una naranja débil en la última hora de su vida que lanza sombras s obre las imperfecciones de la arena. Sobre esta tierra el sol cerrará su ojo y el sueño pacíficamente. Nada puede dañar este lugar porque es vacío, la noche y el día.